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16/06/2006 Alto Tajo Hosquillo (3 días)

Participantes:

Alfredo, Félix, Juan, Miki, Pepe, Santi, Julio

Video del viaje



Localizaciones y Rutas

Álbumes de Fotos



Plan de viaje

Cuando empecé a buscar rutas por el Alto Tajo, me llamó la atención una zona por sus curvas de nivel. Al averiguar de qué se trataba y que era la reserva cinegética de El Hosquillo, intenté hacer una reserva para las fechas en las que pensábamos ir, pero no fue posible. Como me apetecía mucho conocer esa zona a pesar de todo, nos plantamos allí Santi, Pepe y yo.

Cuando llegamos a la puerta había un cartel que avisaba que solamente se podía entrar con reserva, pero llegó una furgoneta y vimos que la puerta estaba abierta. Con más miedo que vergüenza por saber que estamos haciendo algo que no era correcto, empezamos a bajar por un camino umbrío que se oscurecía según llegábamos al río.

El camino continuaba por detrás de una valla de modo que tuvimos que saltarla para continuar por nuestra ruta. Más adelante el camino de nuevo tropezaba con la valla, por lo que tuvimos que volver a saltarla. Finalmente llegamos a la zona donde estaban los osos confinados en un vallado aprovechando la orografía del terreno. Después de hacernos unas fotos continuamos por la ruta y nos encontramos con unos obreros que estaban trabajando en el centro de interpretación de la naturaleza. Cuando estamos a punto de llegar a la salida, oímos el motor de un vehículo y tuve la mala idea de intentar escondernos entre la maleza, pero lo hicimos tan mal que nos vieron. Al llegar a la salida nos encontramos la puerta cerrada, lo que nos obligó a saltarla no sin antes hacernos unas fotos sentados en la parte superior de la puerta. Y en esto que llegó al guarda. Estaba un tanto cabreado y nos pidió el carné de identidad, pero le dije que no lo llevábamos y entonces amenazó con llamar a la Guardia Civil. Así que no me quedó más remedio que darle mi carne identidad y tranquilizarle un poco porque nos quería terminar en el cuartelillo. No fuimos a comer un tanto mohínos y cuando llegamos a Vega de Codorno, me dice la camarera: «Así que sois vosotros los que se han colado en el Hosquillo «. Nos debió de ver una cara de sorpresa impresionante y continuó con la vacilada. «Además sabemos que estáis hospedados en Peralejos de las Truchas». Yo no salía de mi asombro, y le pregunté si es que habíamos salido ya los periódicos y que si no había sucesos más importantes en la zona. Finalmente terminó la broma y me dijo que el guarda es un idiota porque en El Hosquillo se habían colado todos los del pueblo de toda la vida. Y que si teníamos algún problema como una multa o lo que fuera, que se lo dijera y que se encargaría de ello.

Por la tarde, mientras esperábamos a que llegara el resto del grupo, conocimos a otros ciclistas que estaban alojados al lado nuestro y que nos invitaron a su parrillada. Al día siguiente salieron con nosotros. Entre ellos estaba Julián, el abogado de Eufemiano Fuentes, aquel fulano que se hizo famoso por el dopaje. Ya nos dijo Julián que no pasaría nada, como así fue en esa ocasión. Posteriormente dejó de defenderlo porque la cosa se puso fea.

La ruta con esta gente fue muy rápida porque nos llevaron a toda hostia aunque el único que les siguió el ritmo fue Alfredo, porque el resto íbamos a nuestra bola. Nos cayó un buen chaparrón a orillas del río Cabrillas.

 

El tercer día salíamos del aparcamiento del Nacimiento del río Cuervo. Me dejé las zapatillas en el hostal, pero Pepe McGuiver me sacó del apuro con unos pedales normales que llevaba en su coche. Bajando unos escalones se me escapó un pedal, de modo que el otro, me arreó un pedalazo en la espinilla que se me saltaban las lágrimas.

La ruta discurría por un espeso pinar y por un oscuro barranco sin dificultad técnica.